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Sembrando esperanza

1 Abr

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29/03/2013

Hace un tiempo me enseñaron que las fiestas no se recuerdan, se reviven, imprimiendo en ellas el sello de nuestros tiempos y el de toda la historia de los hombres.

Hoy Jesús muere. Crucificado en cada niño con hambre, en cada anciano abandonado, en cada depresión, en cada soledad.

Jesús muere cada vez que los hombres dejamos entrar el mal antes de hacer el bien. Cada vez que el pecado se vuelca en almas inocentes.

Pero también resucita. Resucita en cada sonrisa, en cada abrazo, en cada pequeño o gran acto de amor que regalamos, sembrando un poco de esperanza en este mundo.

La resurrección se hace viva cada vez que mostramos que el amor es más fuerte. Que el amor vence todas las heridas. Que el amor llena el vacío de la incomprensión.

Claro que van a ser miles los momentos en los que vamos a caer. En los que nos vamos a dormir. En los que vamos a tener miedo. En los que los muros y la violencia de otros nos van a paralizar o hacer pagar con la misma moneda.

Pero lo importante es levantarse. Y confiar.

Confiar en que si, aunque sea un poco, nos disponemos a imitar a Jesús en su camino hacia la cruz podemos sembrar un poco de eternidad en el mundo.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

M.

Lo que la Pascua promete

26 Mar

¡Me encanta Semana Santa! Es una oportunidad para dejarnos transformar, librarnos de lo accesorio, y renovar la esperanza. Año a año la celebración es la misma, pero nosotros somos distintos, revivimos el camino de Jesús hacia la Cruz encontrando algo nuevo que nos ayude a ser mejores.

Si bien para muchos cristianos esta Fiesta (la más importante para nuestra Fe) pasa desapercibida o camuflada, estoy convencida que después de descubrirla nadie puede permanecer indiferente.

Es una invitación a crecer en autenticidad

La Pascua es una invitación a ser auténticos, a resucitar a lo verdadero, descartando lo accesorio, a aceptar nuestra realidad y construir a partir de ella. Hay tantas cosas que nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial, dando lo que verdaderamente tenemos que dar. Cuando superamos una barrera, aparece otra que nos vuelve vulnerables o nos avergüenza. Es tanto lo que nos gustaría esconder en un cajón, o lo que nos da miedo enfrentar por no podernos hacer cargo de las consecuencias. Sin embargo, a través de su ejemplo Jesús nos enseña a construir a partir de lo que somos, a ofrecer nuestra vida por completo, confiando en que Dios va a poder transformarla en algo bueno.

Es una invitación para Amar

Cada año me convenzo de que la Pascua no puede resultar indiferente a nadie, incluso a quienes no creen. Tiene que transformar a los cristianos y, siguiendo el nuevo mandamiento de Jesús, reflejarse en Amor para todos, un amor que va más allá de las paredes de la Iglesia y nos invita a abrirnos a los demás. A ofrecerles lo que tenemos. A descubrir a Dios en el otro y devolverle la dignidad de sentirse Persona. Obvio que cuesta, y más cuando nos enfrentamos a muros de todo tipo y color, o cuando nuestras experiencias pasadas y presentes nos hacen precavidos. Pero estoy convencida de que el Amor transforma, que mucha de la violencia nace a raíz de la incomprensión y la falta de amor, convirtiéndose en un círculo vicioso que de alguna manera hay que frenar.

Es una invitación a la esperanza

Por donde se mire la vida de Jesús es una invitación a tener más esperanza. A confiar que de todo lo malo, si tenemos paciencia, puede nacer algo bueno y se puede aprender. A sentirnos acompañados, porque ¿Cómo no va a entender nuestro sufrimiento el hombre que, siendo inocente, sufrió la máxima humillación y vio volcado sobre sí todo el mal de la humanidad?

Sobre todo es una oportunidad de reconocer nuestras limitaciones (después de todo la misma Iglesia fue fundada por las manos de hombres imperfectos y Dios mismo se hizo hombre para sentir las debilidades de ser humano), y año a año, intentar superarlas. Buscar ser un poco mejores y más felices.
Hay quienes -muchas veces con cinismo- se quejan de una Iglesia llena de pecadores. No entienden que es a ellos a los que Jesús fue a invitar, los sanos no necesitan médico. Más grave sería, ver una Iglesia quieta, llena de personas que se quedan con su debilidad y no buscan enfrentarla, acercándose, así, cada vez más al amor, la esperanza y la autenticidad que la Pascua promete.

¡Feliz Semana Santa!

M.