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Más allá de las máscaras

23 May

 

Confieso una cosa, los discursos sobre la diversidad me molestan. No porque no esté de acuerdo en que todos merezcamos un lugar a pesar de nuestras diferencias,  sino porque tienden a reducir el término, lo hacen superficial. Diverso pasa a ser una orientación sexual diferente a la “norma” (y manifestada de una cierta manera), o una minoría étnica o racial. Creo que en el fondo todos esos discursos -de manera inconsciente- obvian lo diverso dentro de lo diverso, y la diversidad que está dentro de cada uno de nosotros.

Si ráscas un poco, todos somos distintos.

Todos tenemos esos mini detalles que nos hacen únicos, diferentes.  A veces parece que esos detalles molestan, ¿Cuántos de los defectos  que nos pesan son de verdad defectos y cuantos son solo eso que nos aparta del molde? Tenemos incorporado el balde de que ser de una determinada forma nos va a hacer triunfar, y si no cumplimos en hasta el mínimo detalle, es un problema. El sistema educativo parece una fábrica más que un lugar donde cultivar mentes; nos llenamos de medicamentos porque ser ansioso está mal y si no estamos todo el día felices (como deberíamos estarlo) algo no está funcionando.

Vivimos en la cultura de lo uniforme, cada cosa dentro de nosotros o dentro de los demás que no se adapta al modelo ideal es un problema o es tan distinta que la encasillamos dentro  de categorías bien delimitadas, o en molde de “lo diverso” para sacarnos el problema de encima.

¿Cuánto más lindo será valorar lo que tenemos de distinto? ¿O canalizar lo que nos inquieta para convertirlo en algo positivo?

Creo que cada uno tiene algo único para dar. Algo que si no lo damos nosotros nadie lo va a poder dar de la misma manera. ¿Porqué desperdiciar tanta energía queriendo ser todos iguales? ¿Porqué exigirles a los demás que sean iguales a nosotros cuando podrían dar mucho más siendo como son?

Mejor sería buscar ser auténticos, valorar a cada uno por lo que es y no esperar que la gente sea lo que no tiene que ser. Descubrir, en medio de todo, lo que de verdad nos une y los objetivos comunes para los que podemos ofrecer nuestras virtudes.

Si rascás un poco, todos somos distintos. Si rascás un poco más somos todos los mismos.

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Gracias por las energías

13 Nov

En un año tan acelerado como este, cuándo a principios de noviembre la gente anda por las calles como si fuesen los últimos días del año (Los accidentes de tránsito lo demuestran), uno cae en la tentación de entrar en recuentos apresurados.

Me gusta ponerme objetivos a principio de cada año. Es una buena forma de ver hasta donde quiero llegar y lo que logré el año anterior. Sin embargo, caigo muy a menudo en la tentación de defraudarme cuando no cumplo los ‘objetivos’, o cuándo las cosas que en algún momento quise salieron mal, evitando así estar agradecida por todo lo que sí logré.

Si hay algo que no le faltó a este año mío fue el cansancio. Cansancio más que nunca. De todo tipo y color.

A la gente le encanta decir que está cansada. Se queja de que lo está,  parece que estarlo les sirve como carta justificativa para no hacer nada, para recibir compasión desmedida del resto de la gente(como si ellos no estuvieran en la misma), o para hacer de cuenta que están ‘haciendo algo’.

Sin embargo, entre tanto cansancio descubrí que no hay nada como cuando a pesar del agotamiento no perdemos la energía, la dedicación y la sonrisa. Tengo la sensación de que estoy un paso más cerca de encontrar mi vocación y lo que me hace verdaderamente feliz.

Me siento una privilegiada por, entre tanta locura, y obligaciones apiladas, poder encontrar lo que de verdad vale la pena.

M.

Libertades no tan Libres

8 Oct

Hoy vengo a hablar de un tema un tanto controversial: el sexo. O mejor dicho, la sexualidad.

Dado mi pudor excesivo esto puede resultar sorprendente. Sin embargo, es tanto lo que se ha banalizado este tema, y la cantidad de disparates que circulan por ahi que siento que hay una necesidad de hablar de el con la seriedad que merece.

Mi intención no es hacer algún tipo de juicio de valor sobre lo que las personas hacen en su vida privada (que a veces no lo es tanto) , sino que es más bien poner en el tapete algunas cuestiones que creo importantes.

Hoy en día me siento una extraterrestre. Hay ámbitos en los que circulo en los que parece pecado decir que no creo que un beso sea solo un beso y que estoy convencida que el sexo no es solo un juego sino que implica un máximo compromiso físico y emocional con la otra persona. Si bien, en algunos lugares, confesar estas convicciones parece motivo de vergüenza, recuerdo como si fuera ayer las épocas infantiles en las que esto parecía lo más natural del mundo. Claro está, después de atravesar la etapa en la que ver un beso en la tele nos sonrrojaba y “Sexo” era una palabra compleja de pronunciar.

Hoy por hoy es común escuchar sobre nenas de 14 años se chuponean con cualquiera. No seamos ingenuas, hacen más que chuponear. Sería reconfortante pensar que son la minoría, sin embargo, son cada vez más. Me siento toda una veterana diciendo que las generaciones están cada vez peores. Son solo 6 años más chicos que yo. O 4 o 3.

Este tema es ya un clásico en las mis conversaciones de amigas. Una respuesta típica es sentirnos “unas bobas” en comparación con estas chicas. La palabra atrasadas también circula de vez en cuándo. El tema de la madurez, si bien inconsciente, tampoco escapa a la temática.

El relacionar comportamiento físico con madurez no es nada raro. Tampoco debe sorprender, lo físico y lo psicológico están tan estrechamente relacionados que es casi imposible delimitar donde empieza uno y donde otro. También esto es factor de malentendidos.

No creo que una chica  que “haga cosas” con chicos (O vise versa- esto más que un eufemismo intenta dar lugar a la libre interpretación), para quedar más madura verdaderamente lo sea. Ni una persona que lo haga para conseguir amor, prestigio, o simplemente llamar la atención.

La única madurez está en tener las cosas claras. De verdad.

Hoy por hoy esta muy de moda hablar de liberación sexual. Pero creo que en muchos casos se cambió un tipo de esclavitud por otra. Esclavitud social en la que, en vez de mostrar cuanto se vale por la pureza se lo demuestra por la promiscuidad. Esclavitud en la que, por no tomar decisiones responsables, los jóvenes se ven envueltos en miles de embrollos indeseados, innecesarios e insalubres. La tasa alarmante de abortos, enfermedades de transmisión sexual son testimonio de esto. Como también las revistas adolescentes y los talk show latinos en los que un sinfín de chicas lloran porque lo que parecía ser una prueba de amor terminó en un calvario.

Es que la sexualidad no solo trata de lo que hacemos, sino de como nos relacionamos con los otros, como sentimos, nos comportamos y percibimos a nosotros mismos. La naturaleza es sabia y se que debe haber una buena razón por la que todos estos aspectos de la persona están tan fuertemente relacionados.

Reitero que mi intención, a pesar de que lo tenga, no es emitir ningún juicio de valor sobre lo que las personas hacen. Sino que dejar en claro que tratar un tema tan importante para la vida del ser humano a la ligera es un desacierto. Creo que la única “liberación sexual” verdadera es tomando decisiones serias, responsables y que de verdad tengan sentido para nosotros, pues tomar el sentido que le dan los otros, no puede llevar a ningún lugar bueno. Sobran los ejemplos.

M.

El que no arriesga, pierde.

9 Ago

Siempre que lo agarro me divierte mirar el segmento de ‘Salven el Millón’ del programa de Susana Giménez (soy malísima describiendo juegos, asique para aquellos que no lo conozcan acá esta la descripción) . Con mis hábitos televisivos esto se traduce a un total de tres o cuatro veces en las que vi el programa, que me sobraron para reforzar mi convicción de que el que no arriesga no gana pierde. Quien se juega a lo seguro, y tras la mínima duda divide la plata entre las distintas opciones, después de varias rondas termina perdiendo todo, o quedándose con una suma que parece insignificante al lado del millón prometido.

Quizás el problema esté en que las personas creen que el millón es suyo antes que termine el juego, aferrándose a cada fajo de billetes como si fuera su única salvación, dividiendo, ante el riesgo de perder todo, lo van perdiendo de a poquito. Seguramente esta inferencia mía sea un poco disparatada o exagerada, pero no se separa mucho de como vivimos nuestra vida (Comparando la vida con un segmento del programa de Susana, me pasé de intelectual…).

No nos damos cuenta, que en realidad en la vida la mitad de las cosas que nos jugamos no son nuestras. Si nos ponemos a pensar, ni siquiera nuestra vida misma nos pertenece cien por ciento. No se trata de una postura religiosa o filosófica, no hay nada en el futuro que tengamos garantizado. Y no es raro de que muchas de las cosas que consideremos “poner en riesgo”, no nos pertenezcan del todo, o cambien más allá de que ‘demos el paso’ o no. Las circunstancias siempre cambian, así que si tenemos una oportunidad lo mejor que podemos hacer es agarrarla antes que sea demasiado tarde.

También es clásico ahogarnos en un vaso de agua, o creer que tenemos todo para perder, cuando en realidad no tenemos nada. Quizás el único riesgo esté en enfrentar nuestros miedos, o darnos cuenta de que las cosas no eran como pensábamos.

No, no soy fan a muerte del Carpe Diem. Me gustan los planes, a veces demasiado. Creo que hay cosas en la vida que hay que cuidarlas. Pero me parece que veces nos paralizamos demasiado, o le damos demasiada trascendencia a cosas insignificantes.

Creo en Dios, por lo que creo que hay un plan. Una vida ideal que nos garantiza la máxima felicidad. Evitarla parece absurdo, una pérdida de tiempo. Obvio que es difícil discernir, pero si no damos el paso nunca lo vamos a descubrir. Si nos quedamos de brazos cruzados, caprichosamente abrazando cosas que no nos corresponden y que a la larga van a desaparecer, nunca vamos a conseguir eso tan bueno que nos espera.

M.

Shame

31 Mar

...‎”Wherever I turn, there is something of to be ashamed. But shame is like everything else; we live with it for long enough and it becomes part of the furniture. In ‘Defense’ you can find shame in every house, burning in an ashtray, hanging framed upon a wall, covering a bed. But nobody notices it anymore. And everyone is civilized.” Salman Rushdie, Shame

 

A medida que voy creciendo, hay días que siento que tengo más motivos para avergonzarme de mí misma. Cada día salgo un poco más al mundo y me encuentro con gente más y más distinta. Algunos abrazan las diferencias y otros las tratan como algo natural; pero tampoco falta quienes nos estén constantemente haciendo acordar de ellas: no son necesarias las palabras explícitas, un comentario al pasar o una mirada resultan más que suficientes.

En este mundo de gente distinta hay días que creo que me llevo al mundo por delante, pero otras siento el peso y el dolor de cargar con mi mochila. Duele saber que hay lugares donde lo que pienso y lo que soy va a ser motivo de escrutinio. Sé que no soy la única y que todos alguna vez sentimos el peso de nuestra historia, nuestras, ideas, nuestras creencias religiosas o el lugar donde vivimos.

De vez en cuándo, pienso que sentir que lo que somos está bajo cuestionamiento es una oportunidad para reforzar lo que somos, cuestionarlo, reformularlo y asegurarnos de que sea nuestro. Otras pueden resultar ser una oportunidad para desafiar los prejuicios.  Quizás, nuestra presencia en la vida de algunas personas sea la única oportunidad que tengan de conocer a alguien como nosotros y de darse cuenta que las cosas no son lo que parecen.

Sea lo que sea, creo que es tan importante ser fiel a nosotros mismos, y enorgullecernos de quienes somos. Cuesta, y cómo, pero es la única manera de llevar una vida verdadera.

 

M.

 

 

Carta Abierta a un Amigo[a]

17 Feb


Amigo, cuándo decidí subirme a este tren, hace ya mucho tiempo, conocía tus delirios y tus locuras, las tormentas que acechan tu alma, y los soles que de vez en cuándo la iluminan.

Sabía que el sufrimiento no me iba a ser ajeno, porque tu dolor es el mío. Las noches sin dormir aparecerían de vez en cuándo, cuándo algo te quite el sueño. Era completamente conciente de las maldades que ibas a cometer y  de tus confusos momentos donde ni tú te entendés.

Amigo, se porque te quiero.

Voy a poner mis manos en el fuego por ti, aunque este amenace con quemarme.

Prometo no juzgarte, e intentar estar siempre donde tengo que estar. A veces en el campo de batalla y otras en un costado esperando.

Pero mucho más que nada prometo hacer el esfuerzo de quererte, hasta cuando más me cueste y mis sentidos me digan que no.

Porque ese día, en el que emprendí este viaje, supe que algo bueno habita en ti.

M.E.C.S.

01/01/2011

 

That’s what friendship means to me.

A la gente le encanta armar definiciónes sobre lo que es o no es un amigo. Para ser sincera, ninguna me contenta, cualquier persona puede aparecer en los momentos malos, solo por un sentimiento de deber, y ¿A quién no le gusta divertirse en los buenos? Yo creo que la amistad es algo más, un vínculo entre dos personas que no siente el desafío del tiempo y el espacio y que va más allá de cualquier definición de diccionario.

M.

Cambiaste.

27 Ene

“Cambiaste” me dijiste. Y yo quería saltar, si seguía siendo igual. Estaba segura de eso. A pesar de eso por un segundo dudé. ¿Habrá algo de lo que no me había dado cuenta? Pero igual, con que derecho venías a decirme eso, si capaz también habías cambiado, y no eras la persona que una vez conocí…¿O sí?

La gente cambia. Dicen por ahí. Estoy segura que cambia de ropa, a veces crece, adelgaza, engorda, hay quienes cambian de corte de pelo, o de pareja. ¿Pero en el fondo cambian de verdad?

Muchas veces lo dicen como si fuese algo malo. Una especie de acusación.

Un par de veces en mi vida me lo tiraron. Patada al Ego total. Otras lo pensé, y capaz lo dije, no me acuerdo. Hay veces en que la gente nos sorprende. Nada peor que cuando personas que queremos hacen algo que nos deja con un gran WTF?! en la cabeza, y no en el buen sentido…

En el fondo creo que la gente no cambia. Algunos pensarán que soy una ingenua. Pero es algo que creo de verdad, hay algo en las personas, eso que es auténtico, que siempre sigue igual.

Tengo pruebas de esto con algunas amigas que tengo que viven en otros países que con suerte veo cada tres o cuatro años, puede que cuando nos encontremos luego de un largo rato estén distintas físicamente, o hablen de otra manera, pero en el fondo todo sigue siendo igual, es como si el tiempo no hubiera pasado.

Tampoco es que hace falta cruzar el Ecuador o tener amigos a distancia para darse cuenta de esto.

Es cierto que nuestros amigos (o nosotros mismos, seamos sinceros) pasamos por etapas, de esas de las que en un tiempo seguramente nos riamos de. Tampoco falta esa persona que nos decepciona, que hace cosas que pensábamos que nunca sería capaz de hacer. Pero no creo que sea un cambio total si no más bien una máscara.

A veces es un pedido de ayuda. O la manifestación de que algo está pasando.

Como amigos a veces toca ser pacientes, esperar a que pase. O, aunque cueste, si es necesario dar un buen sacudón, pero sin ser demasiado agresivos.

Es cierto que a veces la máscara se pega. Tanto que hasta quien la tiene se olvida de que no era losu cara de verdad. A veces los amigos se alejan. Puede que alguna que otra vez nos demos cuenta que no conocíamos a una persona tanto como creíamos. Y por mucho que no queramos tomar caminos separados es inevitable.

Sea lo que sea antes de apuntar el dedo conviene preguntarnos ¿Que está pasando?

¿Tengo un amigo que me necesita?¿Es solamente una bochornosa etapa?

Hay veces que las actitudes de la gente cambian, pero, en el fondo seguimos teniendo a esa amiga o amigo con quien podemos hablar de estupideces o contar con cuando lo necesitamos…

M.