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Nuestra Hipocresía

18 Oct

Hoy se legalizó el aborto en el Uruguay. Algunos festejan como si hubiéramos ganado la Copa América. A mi me pone triste.

El tema está lejos de quedar saldado. Quienes están a favor de la despenalización y legalización seguramente busquen promover una ley menos “blanda” que la que aprobó hoy el Senado. Quienes están en contra buscarán todos los mecanismos para que la ley desaparezca. En cuestiones que dividen tan profundamente a nuestra sociedad es difícil- si no imposible- llegar a un acuerdo.

Se acusa mucho de hipocresía. Sin embargo, creo que en este tema todos (o casi), sin importar de que lado estemos, somos un poco hipócritas. Nos apasionamos en discusiones cada vez que aparece el aborto en la agenda o que surge en una discusión, pero en el día a día nos olvidamos.

La realidad es que las mujeres abortan. Según las estadísticas que se manejan son decenas o cientos las que abortan por día en el Uruguay, en mejores o peores condiciones. Esta realidad va a seguir siendo así, sea legal el aborto o no. Se podrá especular con que algunas cosas van a cambiar para bien o para mal de acuerdo a la situación legal, pero la realidad es que ninguna decisión provee una solución mágica.

En vez de discutir eternamente sobre si el aborto debería ser legal o no, o de aprobar y derogar leyes según la conciencia e ideología del partido de turno, deberíamos buscar las preocupaciones y los aspectos que nos unen. Buscar soluciones reales y que integren los distintos puntos de vista. Todos- o la mayoría- estamos de acuerdo que el aborto es un mal, pero los intentos por buscar soluciones para que las mujeres no se vean en la situación de tomar esa decisión, y que protejan y den opciones alternativas a las que sienten que no les queda otra, son muy pobres. Leyes de protección a la maternidad se archivan. Nuestro sistema de adopciones es un desastre. La educación sexual deja mucho que desear.

La gran hipocresía está en decir que nos preocupan las mujeres y los niños que nacen y no exigir soluciones reales; en tomar a la legalidad o ilegalidad del aborto como una pastilla que tranquilice nuestra conciencia.  Como si una situación legal fuese la solución mágica al problema y nos exonerase de todo tipo de responsabilidad.

M.

La Intolerancia de los Intolerados

14 Jul

Hace poco más de un día que los dichos de la Dra. Mercedes Rovira, futura rectora de la Universidad de Montevideo, causaron revuelo. Si bien la situación me generó impresiones preferí no emitir una opinión apresurada. Cuando hay tantas sensibilidades en juego siempre corremos el riesgo de que lo que decimos colabore para formar una gran bola de nieve que al final nos termine conduciendo a un camino muy distinto al que nos hubiese gustado.

Más allá de que -a pesar de ser sacados de contexto y producto de una provocación- los dichos de Rovira me parecen inoportunos e inaceptables, hay dos aspectos relacionados a la trascendencia que tuvo el tema que me preocupan.

En primer lugar la hipocresía. Todos sabemos que el odio y la discriminación existen, y que dentro de nuestras instituciones hay varios que comparten la mentalidad que transmitió esta señora, o que promueven otro tipo de discriminación o ideología. Incluso en instituciones públicas. (A modo de ejemplo, hace pocas semanas tuve que hacer un informe sobre la homosexualidad en las Fuerzas Armadas -donde actualmente existen leyes anti-discriminación-y me quedó claro que el rema está lejos de estar resuelto). Sin embargo, la gente usa a Rovira como chivo expiatorio, entreteniéndose un rato con pegarle a ella (seamos sinceros, a la semana la mitad se va a olvidar del tema). Pocos ven el tema que hay de trasfondo; la discriminación existe, y la lucha contra ella es tarea de todos los días. Esto me hace pensar si a la gente le molestó que lo piense o que lo haya dicho. Sospecho que es lo último, y en ese caso, debemos cuestionar nuestra escala de valores, ya que estamos incitando a la hipocresía, a favor de lo políticamente correcto.
Para tender puentes hay que tener en claro que es lo que nos separa, y está bueno saber que en tal o cual lugar se tiene una u otra opinión, no para, como niños inconscientes ser contestatarios, sino para analizar el trasfondo detrás de todo y entender (que es el primer paso para resolver).

En segundo lugar, me molesta la ola de odio que este hecho generó hacia el Opus Dei y la Iglesia Católica en general. Parece que hay sectores que tienen más inmunidad que otros a la hora de discriminar. Combatir odio con odio nunca fue una buena estrategia, y todos sabemos que la generalización es la piedra fundamental a la discriminación.
Esto me recuerda a que, hace unos meses, en una marcha convocada por Ovejas Negras sobre un tema que nada que ver tenía con la Iglesia, vi unas transexuales vestidas de monjas, en clara actitud de burla. Obviamente nadie denunció este hecho de ofensivo y discriminatorio. Tampoco parece racional decir, a raíz de esto, que todos los homosexuales o transexuales están ensañados con la Iglesia.

La única verdadera forma de combatir cualquier tipo de discriminación es poniéndonos en el lugar del otro, entendiendo (por más que cueste), la posición en la que se encuentra, buscando tender puentes más allá de nuestras emociones y de las generalizaciones que podamos hacer. De lo contrario vencemos un tipo de discriminación, pero damos paso a otra. O, a raíz de discursos y normas políticamente correctos,  evitamos ver el verdadero problema que hay de fondo.

M.

Mujeres!

27 Mar

Este marzo- como tantos otros luego de que el 8 de marzo 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer- nos invita a reflexionar sobre el papel que las mujeres juegan y jugamos en la sociedad de hoy, en los derechos conseguidos y las luchas que aún hoy quedan por enfrentar.

Cuando era chica- un poco más que ahora- cayó en mis manos un libro de feminismo escrito especialmente para niñas y adolescentes. Lamentablemente no recuerdo su nombre, ni el de su autora. De lo que si me acuerdo es que el planteo de un mundo en el que la dignidad de hombres y mujeres era tomada por igual me llegó. Con 12 o 13 años me creía feminista.

Hoy en día, siento la necesidad de abrir el paraguas antes de identificarme con the F word, y no porque deje de pensar que las mujeres tienen que ser respetadas y reconocidas. Sino porque en el imaginario colectivo la palabra “feminismo” se asocia a la ideología de unas pocas, que contradice- y en ocasiones desprecia- varias de mis opciones de vida. Incluso diarios reconocidos y figuras públicas la vinculan a hordas de hembras enfurecidas levantando carteles de aborto legal y mujeres que despotrican al género masculino y tienen un sentido estético poco privilegiado. Se olvidan los valores promovidos por las primeras feministas que nada tienen que ver con el hembrismo exacerbado.

Algo que considero falta- y mucho- en el debate sobre el rol de la mujer hoy en día, es definir a que tipo de mujer estamos defendiendo. Obviamente abrir este debate se puede prestar a innumerables discusiones ideológicas sin fin, sin embargo me parece sumamente necesario. En un gran número de casos se está luchando para masculinizar a las mujeres (o por lo menos esto termina siendo el resultado), abriéndoles las puertas para ocupar roles tradicionalmente reservados para hombres, pero, a cambio haciéndolas dejar de lado su femeneidad. En este caso, sin darnos cuenta, estamos reforzando la supremacía del género masculino y silenciosamente propagando el mensaje: para ser fuerte o tener éxito hay que hacerse hombre.

La sensibilidad tradicionalmente asociada a las mujeres sigue siendo una virtud de segundo grado. La maternidad, delicadeza y ternura, considerados atributos lindos para sacar a luz en casa, en la iglesia, con amigos o en el psicólogo, pero pocas veces son vistos como deseables y constructivos para la sociedad. Se los vincula a la debilidad en vez de abrir los ojos y entender la fortaleza que implica ser mamá u ofrecer consuelo a quienes más lo necesitan.

La única forma verdadera de reivindicar a las mujeres en nuestra sociedad y en la historia es reconociendo lo valioso del “ser mujer” sin disminuir las cualidades positivas de lo masculino. Solo así, hombres y mujeres vamos a poder sacar lo mejor de cada uno y crecer social y profesionalmente sin necesidad de máscaras, miedos y presiones.

Para terminar quería dejarles una cita de María Teresa Porcile que saqué de un libro espectacular que estoy leyendo (“María Teresa Porcile, una mujer con ojos de fuego”), me parece que ilustra mejor que nada lo que quiero transmitir:

“Educar la sensibilidad, rescatar el valor de lo afectivo (ser capaces de ser afectados) y el valor de la vulnerabilidad (ser capaces de ser heridos) es tarea fundamental para afectar el rumbo de la historia y sanar tantas heridas entre los seres humanos. Muchísimas veces las pautas de ‘educación’, de ‘crecimiento’, han sido desensibilizar, ‘hacerse duro’. Allí situamos lo de ‘los hombres no lloran’, tan frecuente en la sociedad latinoamericana. Y la experiencia nos dice que ‘no lloran’ a fuerza de alcohol, de una insensibilidad creciente (embrutecimiento), que nos lleva a la violencia, a golpear o matar a sus mujeres y a sus hijos. ¿Cómo se traslada este comportamiento desde el ámbito doméstico al social, al público? Una educación que tenga en cuenta la sensibilidad ‘humana’- en la que lo femenino es parte privilegiada- es necesaria para un mundo ‘más humano'”- María Teresa Porcile


M.

Esa delgada línea entre lo políticamente correcto y lo correcto

5 May

Hace un par de días me sentí un poco rara. Amanecí con miles de noticias sobre la muerte de Osama Bin Laden. Lo mataron. Tweets, facebooks y demás diciendo “God Bless America”. Imágenes televisivas de celebraciones y discursos que proclamaban la derrota del Terrorismo y el cumplimiento de la justicia. La situación me incomodó. Me sentía rara, se suponía que debía estar feliz, la postura políticamente correcta así lo indicaba.

No es que sea miembro del club de fans de Bin Laden, ni que considere que el mundo perdió a una gran persona, sin embargo, me molesta el hecho de que miles de personas, muchas quienes se pronuncian en contra de la pena de muerte, celebren el asesinato de alguien, por más ‘malo’ que sea.

Me choca el hecho de que verdaderamente se crea que se hizo justicia. Asesinar a Bin Laden no va a traer a la mesa al padre fallecido, ni resusitar al amigo muerto. Solo en el amor podemos encontrar Justicia, paz y aceptación.

Bin Laden no es el mal, ni su muerte un paso en la aniquilación de este. El mal es el mal, existe hace miles de años bajo nombres distintos. Siempre va a estar por la vuelta a no ser que los hombres nos comprometamos a aniquilarlo de raíz. Quizás, simplemente cortando ramas corramos el riesgo de que la planta crezca más fuerte.

Este domingo- en el que curiosamente la Iglesia Católica celebraba el domingo de misericorida- el mundo entero celebraba la vida de Juan Pablo II, un hombre que pasó a la historia por no por sus dones religiosos sino por su sencillez, fuerza, humildad, y gran capacidad de perdón incluso a quienes atentaron contra su vida. Esta celebración quizás se vea siempre opacada en la memoria colectiva  por la noticia que derivó del discurso que esa noche Obama dirigió a todos los estadounidenses y al mundo.

En momentos como estos tenemos la opción de sentarnos derechos, adoptar la postura políticamente correcta y pronunciar que el mal está un paso más cerca de estar aniquilado. O, de verdaderamente comprometernos con construír un mundo anclado en la verdad y el amor, siguiendo el ejemplo de tantos antes de nosotros que prendieron una luz en la oscuridad, resistiéndose al camino de la muerte.

M

“I mourn the loss of thousands of precious lives, but I will not rejoice in the death of one, not even an enemy. Returning hate for hate multiplies hate, adding deeper darkness to a night already devoid of stars. Darkness cannot drive out darkness: only light can do that. Hate cannot drive out hate: only love can do that.”– Martin Luther King Jr.

¿Cuál es el valor de una vida?

8 Mar

Life!

Por lo general evito hablar mucho de política. Un poco porque delataría mi inmensa ignorancia sobre la mayoría de los temas, y otro porque ultimamente estoy viendo lo mucho que separa a las personas, y eso me asusta. Pero de vez en cuándo, cuándo un tema me toca en serio, no puedo evitar emitir opinión.

Hace unas horas leí un artículo en En El Camino que me sacudió bastante. este  trataba sobre la propuesta de algunos legisladores del Frente Amplio de presentar un proyecto de ley que despenaliza el aborto a niños con retraso mental en cualquier etapa del embarazo.

Más allá del debate sobre si está bien legalizar el aborto o no, me gustaría ahondar sobre lo que esta propuesta plantea.

Aquí claramente se está sugiriendo que hay personas que valen más que otras. Quizás (espero de verdad que sea así), los legisladores que plantean esto tengan algo distinto en mente, pero la verdad que el mensaje que transmiten a la sociedad es ese: las personas discapacitadas convienen menos que las ‘comunes’.

¿Cuál es el límite para dictar si una persona ‘conviene’ o no? podríamos decir que no ‘conviene’ tener hijos con problemas de aprendizaje, con una predisposición biológica a la obesidad(seguro en el colegio los discriminan),  con posibilidades biológicas de ser depresivos, con incapacidad para amar…

La verdad es que en muchos casos los hijos pueden presentar un desafío para los padres, no creo que esté en nosotros decidir que desafío es peor que otro. Creo que varía en los casos y diferentes padres sobrellevan mejor dificultades distintas. Me gustaría saber si dentro de unos años se descubre un mecanismo de saber si los niños por nacer pueden padecer depresión o déficit atencional si se plantearía la opción de abortarlos en cualquier etapa del embarazo…

Por otra parte, la misma lógica se aplicaría si de un día para el otro un familiar nuestro sufriera un accidente que lo dejase incapacitado, ¿Nos daría esto el derecho a matarlo?

Personalmente creo que todas las situaciones desafiantes que se le presentan a una familia o persona (me reúso a llamarlas ‘desgracias’ ya que esto depende de como se vivan…) le presentan la oportunidad de cambiar y de fortalecerce, de descubrir lados a su personalidad que antes desconocían. Muchas veces familias que tienen un hijo discapacitado se convierten en más unidos y tolerantes, ni que hablar del inmenso amor que reciben de aquel nuevo integrante. No es que este idealizando a la discapacidad, se que tiene sus desafíos, ¿Pero no tiene la vida en sí misma un sinfín de estos? Creo que el mayor desafío que propone la discapacidad es el de integrar a una persona a una realidad que de por sí le va a ser adversa…

Como sociedad creo que deberíamos empezar a encarar las dificultades desde lo positivo y desde el amor, en vez de querer matar a los problemas o tratar a las personas como poco convenientes, deberíamos buscar la mejor manera de inntegrarlas a la sociedad y facilitar a las madres y padres(en especial aquellos que se encuentran en una situación menos privilegiada) la crianza de hijos que exigen un poco más de atención.



M.