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Conservar la alegría

25 Nov

Vengo con un defecto de fábrica: sonrío demasiado.  Esto no es algo de lo que sea del todo consciente,  sino más bien un gesto que a veces me sale por default, y que más de una vez me han hecho notar.

En ocasiones viví esto como una desventaja. Me da la sensación que la sociedad- esa que somos todos pero en realidad no es ninguno- prejuzga a quien sonríe mucho: o son falsos, o poco inteligentes, quizás un poco ingenuos, ciegos a todos los problemas que hay en el mundo. Por otra parte en la escalera al éxito se valora a quienes son serios, formales, hasta un poco desconfiados.

Con el tiempo me fui encariñando con esta característica. Considero un privilegio no haber perdido las ganas de sonreírle a la vida a pesar las cosas malas que me tocó ver y vivir. Hoy me planteo como desafío que estirar los cachetes no sea solo una mueca automática, sino que una actitud frente a la vida que me acompañe siempre.

Creo de verdad que una sonrisa auténtica puede cambiar al mundo, tanto cuando la damos como cuando la recibimos. Nos invita a ser más alegres, a disfrutar más y preocuparnos menos. Nos empuja a confiar en que pesar de todo vida vale la pena ser vivida; a seguir y seguir caminando, porque algo bueno siempre se encuentra, y si no lo encontramos, lo inventamos.

A su vez, la alegría abre puertas. Puede que con el paso de los años conservar la sonrisa nos convierta en una rara avis, un bicho extraño, que no aprendió que la vida es un valle de lágrimas o que se olvidó de entrar en el mundo serio de los adultos. Pero estoy convencida de que si le sonreímos a la vida, a la larga, la vida nos va a sonreír; y que si nos comprometemos a regalar sonrisas sinceras a quienes nos rodean, podemos superar muchos de los muros que nos separan.

M.

“¿Y cuando no se tiene la menor gana de sonreír? Entonces hay que hacerlo doblemente: porque lo necesitan los demás y lo necesita la pobre criatura que nosotros somos. Porque no hay nada más autocurativo que la sonrisa. “La felicidad -ha escrito alguien- es lo único que se puede dar sin tenerlo”. La frase parece disparatada, pero es cierta: cuando uno lucha por dar a los demás la felicidad, ésta empieza a crecernos dentro, vuelve a nosotros de rebote, es una de esas extrañas realidades a las que sólo podemos acercarnos cuando las damos. Y éste puede ser uno de los significados de la frase de Jesús: “Quien pierde su vida, la gana”, que traducido a nuestro tema podría expresarse así: “Quien renuncia a chupetear su propia felicidad y se dedica a fabricar la de los demás, terminará encontrando la propia”. Por eso sonriendo cuando no se tienen ganas, termina uno siempre con muchísimas ganas de sonreír.”

— José Luis Martín Descalzo “El Arte de dar lo que no se tiene

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¡Hola 2012!

25 Ene

Un año más…y como siempre, no podían faltar las New Years Resolutions  y la desconfianza que lleva darme cuenta de que no cumplí con la mitad de lo que me propuse (aunque capaz pasaron algunas cosas buenas que ni tenía en mente, asique se balancea supongo…).

Al igual que el año pasado, sigo con la meta de ser más y más sincera. Puede que a esta altura esto se convierta en un objetivo de vida ya que cuanto más me propongo ser sincera, más difícil se me hace.

Cuando la inseguridad me ataca, o simplemente cuando bajo la guardia, construyo muros, máscaras y disfraces para moldear una apariencia que me haga sentir cómoda frente a los otros. Estiro mi sonrisa con pinzas y cubro mis cicatrices contra la humedad. Cuanto más y más trato de construir la fachada perfecta, se silencian mis verdades, anclan mis pies, inhibe mi espíritu…

Puede que haya que sacar lo que incomoda para que también salga lo bueno. O por lo menos dejar que con un poco de tiempo y esperanza se convierta en algo mejor y nos libere del peso.

O quizás, no sea tan malo.

De aquí otra de mis metas de fin de año Quererme.

No quiero aparentar otra idola de autoayuda púber (o no tan púber), con discursos de Love Yourself, etc. Sino que quiero ir un poco más allá de lo físico.

Creo que la razón por la que en el fondo no somos sinceros es porque nos falta amor propio. Muchas veces justificamos esto con un falso exceso de amor: me amo, pero los demás me rechazan, que en el fondo, es un círculo vicioso: queremos llegar a X lugar por lo que nos inventamos una fachada, pero esa fachada nos paraliza, o nos lleva a donde alguien más fue, pero no a donde nosotros de verdad queremos ir, o tenemos potencial para ir.

También pasa que hay cuestiones de nuestra historia o realidad que nos incomodan por X motivo, y que por lo tanto guardamos en un cajón, con miedo a que alguien descubra. Quizás resultaría más cómodo borrar muchas cosas, pero la realidad es que están, y lo mejor que podemos hacer es aceptarlas a lo sumo, y quizás con un poco de tiempo sacar algo bueno de ellas. Encerrarlas solo hace que nos pesen y paralicen.

Bueno eso es todo por hoy,

¡Feliz 2012!

♥♥♥

M.

Gracias por las energías

13 Nov

En un año tan acelerado como este, cuándo a principios de noviembre la gente anda por las calles como si fuesen los últimos días del año (Los accidentes de tránsito lo demuestran), uno cae en la tentación de entrar en recuentos apresurados.

Me gusta ponerme objetivos a principio de cada año. Es una buena forma de ver hasta donde quiero llegar y lo que logré el año anterior. Sin embargo, caigo muy a menudo en la tentación de defraudarme cuando no cumplo los ‘objetivos’, o cuándo las cosas que en algún momento quise salieron mal, evitando así estar agradecida por todo lo que sí logré.

Si hay algo que no le faltó a este año mío fue el cansancio. Cansancio más que nunca. De todo tipo y color.

A la gente le encanta decir que está cansada. Se queja de que lo está,  parece que estarlo les sirve como carta justificativa para no hacer nada, para recibir compasión desmedida del resto de la gente(como si ellos no estuvieran en la misma), o para hacer de cuenta que están ‘haciendo algo’.

Sin embargo, entre tanto cansancio descubrí que no hay nada como cuando a pesar del agotamiento no perdemos la energía, la dedicación y la sonrisa. Tengo la sensación de que estoy un paso más cerca de encontrar mi vocación y lo que me hace verdaderamente feliz.

Me siento una privilegiada por, entre tanta locura, y obligaciones apiladas, poder encontrar lo que de verdad vale la pena.

M.

Libertades no tan Libres

8 Oct

Hoy vengo a hablar de un tema un tanto controversial: el sexo. O mejor dicho, la sexualidad.

Dado mi pudor excesivo esto puede resultar sorprendente. Sin embargo, es tanto lo que se ha banalizado este tema, y la cantidad de disparates que circulan por ahi que siento que hay una necesidad de hablar de el con la seriedad que merece.

Mi intención no es hacer algún tipo de juicio de valor sobre lo que las personas hacen en su vida privada (que a veces no lo es tanto) , sino que es más bien poner en el tapete algunas cuestiones que creo importantes.

Hoy en día me siento una extraterrestre. Hay ámbitos en los que circulo en los que parece pecado decir que no creo que un beso sea solo un beso y que estoy convencida que el sexo no es solo un juego sino que implica un máximo compromiso físico y emocional con la otra persona. Si bien, en algunos lugares, confesar estas convicciones parece motivo de vergüenza, recuerdo como si fuera ayer las épocas infantiles en las que esto parecía lo más natural del mundo. Claro está, después de atravesar la etapa en la que ver un beso en la tele nos sonrrojaba y “Sexo” era una palabra compleja de pronunciar.

Hoy por hoy es común escuchar sobre nenas de 14 años se chuponean con cualquiera. No seamos ingenuas, hacen más que chuponear. Sería reconfortante pensar que son la minoría, sin embargo, son cada vez más. Me siento toda una veterana diciendo que las generaciones están cada vez peores. Son solo 6 años más chicos que yo. O 4 o 3.

Este tema es ya un clásico en las mis conversaciones de amigas. Una respuesta típica es sentirnos “unas bobas” en comparación con estas chicas. La palabra atrasadas también circula de vez en cuándo. El tema de la madurez, si bien inconsciente, tampoco escapa a la temática.

El relacionar comportamiento físico con madurez no es nada raro. Tampoco debe sorprender, lo físico y lo psicológico están tan estrechamente relacionados que es casi imposible delimitar donde empieza uno y donde otro. También esto es factor de malentendidos.

No creo que una chica  que “haga cosas” con chicos (O vise versa- esto más que un eufemismo intenta dar lugar a la libre interpretación), para quedar más madura verdaderamente lo sea. Ni una persona que lo haga para conseguir amor, prestigio, o simplemente llamar la atención.

La única madurez está en tener las cosas claras. De verdad.

Hoy por hoy esta muy de moda hablar de liberación sexual. Pero creo que en muchos casos se cambió un tipo de esclavitud por otra. Esclavitud social en la que, en vez de mostrar cuanto se vale por la pureza se lo demuestra por la promiscuidad. Esclavitud en la que, por no tomar decisiones responsables, los jóvenes se ven envueltos en miles de embrollos indeseados, innecesarios e insalubres. La tasa alarmante de abortos, enfermedades de transmisión sexual son testimonio de esto. Como también las revistas adolescentes y los talk show latinos en los que un sinfín de chicas lloran porque lo que parecía ser una prueba de amor terminó en un calvario.

Es que la sexualidad no solo trata de lo que hacemos, sino de como nos relacionamos con los otros, como sentimos, nos comportamos y percibimos a nosotros mismos. La naturaleza es sabia y se que debe haber una buena razón por la que todos estos aspectos de la persona están tan fuertemente relacionados.

Reitero que mi intención, a pesar de que lo tenga, no es emitir ningún juicio de valor sobre lo que las personas hacen. Sino que dejar en claro que tratar un tema tan importante para la vida del ser humano a la ligera es un desacierto. Creo que la única “liberación sexual” verdadera es tomando decisiones serias, responsables y que de verdad tengan sentido para nosotros, pues tomar el sentido que le dan los otros, no puede llevar a ningún lugar bueno. Sobran los ejemplos.

M.

Vivir en Verdad

30 Abr

La resurrección de Cristo es un misterio  tan inmenso que siento que solo puedo comprenderlo cerrando los ojos y dejando que se me meta en la piel.  Año a año la celebración es la misma, pero  es distinta. Nosotros cambiamos,  tenemos la necesidad de renacer a cosas nuevas.

¡Es tan contradictoria la resurrección! morimos, renacemos, y sin embargo somos los mismos. Descartamos lo accesorio en búsqueda de una vida verdadera. Parte de nosotros ansía el cambio con una inmensa adrenalina, otra llora lo que fue, o se aferra a ello por miedo a lo desconocido que está por venir. Hay días que duele tanto que hasta me pregunto si vale la pena, pero en el fondo se que es inútil, que quedarme ahí sería poco auténtico, quizás aún más doloroso.

Porque la resurrección de alguna forma es la búsqueda de la autenticidad. Recorremos esta vida con el llamado a ser auténticos, nos late en las venas y sin embargo ¡cuántas veces lo ignoramos! Es tanta la incomprensión que conlleva serlo, y tantos los caminos alternativos que se nos ofrecen. Nuestra necesidad de amor nos hace vulnerables. Y sin embargo, solo con el amor podemos seguir. Ese amor en serio que se ve reflejado en los ojos de quienes quieren vivir en verdad. Que vence al miedo, no porque lo suprima, sino porque lo acepta como parte natural de nuestra vida, con paz y sin resignación.

M

‎”Frente a la resurrección se hallan nuestras respuestas” Hermano Roger de Taizé

Change is Hard

18 Abr

Cuaresma es de mis épocas favoritas del año. No solamente por el hecho de ser católica y que signifique la preparación para la máxima fiesta de nuestra Fe. Sino por lo que esta representa.

Cuaresma es un periodo de cambio en el que estamos invitados a seguir a Jesús en su camino de resurrección, y ¡Cómo me gusta cambiar! No como quién se cambia la ropa diez veces antes de salir a bailar, sino que desprenderme de todas las cosas de mi vida que me alejan de la Vida.

Este año me propuse deshacerme de algunas cosas del pasado a las que me había aferrado como quién se abraza a una cobija protectora. Me gusta cariñosamente guardar imágenes de mi vida como pequeños snapshots de impresiones. Sin embargo, la cosa se complica cuándo aquello que fue se acuesta a dormir con nosotros, y nos acompaña en el diario vivir como si fuera una garrapata. Las sombras se distorsionan. Se tornan una presencia real en un tiempo que ya no les corresponde. Mejor mal conocido que mal por conocer. Y no es que en esencia sea malo, pero nos frena de a donde tenemos que ir, y eso no está bien.

Pero la verdad es que hay días que caigo. La locura y emoción de querer cambiar se estrella al segundo que me encuentro cayendo en lo mismo. La clásica es tirar la toalla, pensar que no hay remedio para la cuestión. O sentirme un fracaso por no cumplir con el objetivo.

Con el tiempo voy aprendiendo caer es solo una parte natural del cambio. No es el fin del mundo. El fracaso no está en la caída sino que en dar un paso atrás y olvidarnos de que tan fácil como caímos podemos volver al camino.

M

“Change is hard, I should know…”- She & Him

Shame

31 Mar

...‎”Wherever I turn, there is something of to be ashamed. But shame is like everything else; we live with it for long enough and it becomes part of the furniture. In ‘Defense’ you can find shame in every house, burning in an ashtray, hanging framed upon a wall, covering a bed. But nobody notices it anymore. And everyone is civilized.” Salman Rushdie, Shame

 

A medida que voy creciendo, hay días que siento que tengo más motivos para avergonzarme de mí misma. Cada día salgo un poco más al mundo y me encuentro con gente más y más distinta. Algunos abrazan las diferencias y otros las tratan como algo natural; pero tampoco falta quienes nos estén constantemente haciendo acordar de ellas: no son necesarias las palabras explícitas, un comentario al pasar o una mirada resultan más que suficientes.

En este mundo de gente distinta hay días que creo que me llevo al mundo por delante, pero otras siento el peso y el dolor de cargar con mi mochila. Duele saber que hay lugares donde lo que pienso y lo que soy va a ser motivo de escrutinio. Sé que no soy la única y que todos alguna vez sentimos el peso de nuestra historia, nuestras, ideas, nuestras creencias religiosas o el lugar donde vivimos.

De vez en cuándo, pienso que sentir que lo que somos está bajo cuestionamiento es una oportunidad para reforzar lo que somos, cuestionarlo, reformularlo y asegurarnos de que sea nuestro. Otras pueden resultar ser una oportunidad para desafiar los prejuicios.  Quizás, nuestra presencia en la vida de algunas personas sea la única oportunidad que tengan de conocer a alguien como nosotros y de darse cuenta que las cosas no son lo que parecen.

Sea lo que sea, creo que es tan importante ser fiel a nosotros mismos, y enorgullecernos de quienes somos. Cuesta, y cómo, pero es la única manera de llevar una vida verdadera.

 

M.