Archivo | abril, 2013

Lo que Clarita me dejó

25 Abr

 

Siempre me dio un poco de pudor escribir sobre personas que no conozco personalmente, o que conozco pero no lo suficiente. Me siento un poco atrevida, y me invade el temor de hablar de más, o de sin querer, decir alguna mentira.

Pero a Clarita la sentía cerca. Tan cerca cómo sé que la sentíamos muchos de los que seguimos, aunque sea un poco, su carrera. No creo que solo se deba a que venimos de lugares parecidos – mismo barrio, mismo colegio, ella era periodista y yo aspiro a serlo- sino porque ella era así, se mostraba tan cercana, tan auténtica que si algún día me la hubiera cruzado por ahí me hubiesen dado ganas de abrazarla y decirle gracias, por más ataque de vergüenza que luego me impidiera hacerlo.

Me inspiraba, y por eso siento la necesidad de hacerle un mini homenaje.  Me invitaba a vivir mi profesión con pasión, y con verdadera vocación de servicio, y a animarme a irradiar alegría. En un mundo y un medio en el que la seriedad está sobrevalorada,  y los felices son tildados de ingenuos, lo suyo era un acto de valentía. Su alegría no era una máscara, era el reflejo de alguien transparente, de alguien que se animaba a aceptar lo que le toca y abrazar a la vida más allá de todo. Sonreía con la voz.

Por eso su partida me llena de tristeza. Tristeza ante quien se va demasiado pronto, y tristeza por la colega que siempre quise y nunca pude tener. Cuanto me hubiese gustado conocerla, o tener la oportunidad de entrevistarla…

Ante esa tristeza me nace un compromiso, compromiso de buscar ser un poco más como ella, de transmitir lo que transmitió, y de hacer que ella viva a través de los que la seguimos. Ese compromiso que nace después de que alguien que queremos mucho nos hace experimentar la fragilidad de la vida, pero nos deja tanto que nos invita a vivir al máximo, honrando todo lo que podamos ese milagro que es vivir.

Un beso grande a toda su familia y amigos,

M.

Sembrando esperanza

1 Abr

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29/03/2013

Hace un tiempo me enseñaron que las fiestas no se recuerdan, se reviven, imprimiendo en ellas el sello de nuestros tiempos y el de toda la historia de los hombres.

Hoy Jesús muere. Crucificado en cada niño con hambre, en cada anciano abandonado, en cada depresión, en cada soledad.

Jesús muere cada vez que los hombres dejamos entrar el mal antes de hacer el bien. Cada vez que el pecado se vuelca en almas inocentes.

Pero también resucita. Resucita en cada sonrisa, en cada abrazo, en cada pequeño o gran acto de amor que regalamos, sembrando un poco de esperanza en este mundo.

La resurrección se hace viva cada vez que mostramos que el amor es más fuerte. Que el amor vence todas las heridas. Que el amor llena el vacío de la incomprensión.

Claro que van a ser miles los momentos en los que vamos a caer. En los que nos vamos a dormir. En los que vamos a tener miedo. En los que los muros y la violencia de otros nos van a paralizar o hacer pagar con la misma moneda.

Pero lo importante es levantarse. Y confiar.

Confiar en que si, aunque sea un poco, nos disponemos a imitar a Jesús en su camino hacia la cruz podemos sembrar un poco de eternidad en el mundo.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

M.