Archivo | marzo, 2013

Lo que la Pascua promete

26 Mar

¡Me encanta Semana Santa! Es una oportunidad para dejarnos transformar, librarnos de lo accesorio, y renovar la esperanza. Año a año la celebración es la misma, pero nosotros somos distintos, revivimos el camino de Jesús hacia la Cruz encontrando algo nuevo que nos ayude a ser mejores.

Si bien para muchos cristianos esta Fiesta (la más importante para nuestra Fe) pasa desapercibida o camuflada, estoy convencida que después de descubrirla nadie puede permanecer indiferente.

Es una invitación a crecer en autenticidad

La Pascua es una invitación a ser auténticos, a resucitar a lo verdadero, descartando lo accesorio, a aceptar nuestra realidad y construir a partir de ella. Hay tantas cosas que nos impiden alcanzar nuestro máximo potencial, dando lo que verdaderamente tenemos que dar. Cuando superamos una barrera, aparece otra que nos vuelve vulnerables o nos avergüenza. Es tanto lo que nos gustaría esconder en un cajón, o lo que nos da miedo enfrentar por no podernos hacer cargo de las consecuencias. Sin embargo, a través de su ejemplo Jesús nos enseña a construir a partir de lo que somos, a ofrecer nuestra vida por completo, confiando en que Dios va a poder transformarla en algo bueno.

Es una invitación para Amar

Cada año me convenzo de que la Pascua no puede resultar indiferente a nadie, incluso a quienes no creen. Tiene que transformar a los cristianos y, siguiendo el nuevo mandamiento de Jesús, reflejarse en Amor para todos, un amor que va más allá de las paredes de la Iglesia y nos invita a abrirnos a los demás. A ofrecerles lo que tenemos. A descubrir a Dios en el otro y devolverle la dignidad de sentirse Persona. Obvio que cuesta, y más cuando nos enfrentamos a muros de todo tipo y color, o cuando nuestras experiencias pasadas y presentes nos hacen precavidos. Pero estoy convencida de que el Amor transforma, que mucha de la violencia nace a raíz de la incomprensión y la falta de amor, convirtiéndose en un círculo vicioso que de alguna manera hay que frenar.

Es una invitación a la esperanza

Por donde se mire la vida de Jesús es una invitación a tener más esperanza. A confiar que de todo lo malo, si tenemos paciencia, puede nacer algo bueno y se puede aprender. A sentirnos acompañados, porque ¿Cómo no va a entender nuestro sufrimiento el hombre que, siendo inocente, sufrió la máxima humillación y vio volcado sobre sí todo el mal de la humanidad?

Sobre todo es una oportunidad de reconocer nuestras limitaciones (después de todo la misma Iglesia fue fundada por las manos de hombres imperfectos y Dios mismo se hizo hombre para sentir las debilidades de ser humano), y año a año, intentar superarlas. Buscar ser un poco mejores y más felices.
Hay quienes -muchas veces con cinismo- se quejan de una Iglesia llena de pecadores. No entienden que es a ellos a los que Jesús fue a invitar, los sanos no necesitan médico. Más grave sería, ver una Iglesia quieta, llena de personas que se quedan con su debilidad y no buscan enfrentarla, acercándose, así, cada vez más al amor, la esperanza y la autenticidad que la Pascua promete.

¡Feliz Semana Santa!

M.

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Seguir caminando

22 Mar

Soy de aquellas personas a las que les gusta sentir todo, estar siempre bien arriba, o armar un melodrama, para después reírme. No se me dan los puntos medios. El desierto de no sentir nada llegó a darme miedo, como si en él, todo es fuera posible y yo quedase desprotegida y expuesta a agarrar todo lo que me hace mal.

Por eso creo que mis peores crisis de fe se dieron en momentos en los que era incapaz de sentir, que todo me resultaba indiferente. Al tiempo- por suerte- venía un shock, una experiencia fuertísima que me dejaba bien arriba y sacaba todo tipo de duda.

No creo que sea la única a la que le moleste mucho “no sentir nada”,  vivimos superestimulados con mensajes de que las cosas “hay que sentirlas”,  que hay que vivir al máximo y ese vivir se traduce solo a las emociones y a los sentidos. Tanto así que la incapacidad de sentir muchas veces lleva al vacío o a la depresión. Si no lo sentimos, no vale. No hay ideas, cosas por las que vivir.

Hay una canción de misa que dice “para que mi amor no sea un sentimiento” (en mi Getsemaní). Confieso que en algún momento me confundió, ¿Si amar no era sentir entonces qué era? Con el tiempo fui aprendiendo.

Amar es mucho más que sentir, es actuar, valorar, entender y muchas cosas más que difícilmente se pueda poner en palabras. Tiene que ser más, de lo contrario sería un simple capricho.

Lo mismo pasa con vivir, o tener fe. De hecho, analizando mis “bajos de fe” me doy cuenta que cuanto menos siento, más fe tengo. Porque tener fe (en cualquier cosa) es confiar, y actuar en consecuencia. Claro que en muchos casos esa confianza parte de un sentimiento fuerte que en algún momento tuvimos, o de un encuentro inexplicable, o de algo que razonamos y que nos cerró (o todo esto junto), pero nunca es emoción pura.

Obviamente me encantaría ser una bola de energía todo el día bien arriba con ganas de hacer cosas. Pero a veces no queda otra que acordarme. Acordarme de lo un día me ilusionó, me emocionó, me motivó. Más que nada acordarme de en que creo y por qué cosas vale la pena luchar. Y meterle para adelante. Seguir caminando, no por inercia, sino porque hay algo que me mueve.

Seguramente en medio de esa caminata, volvamos a encontrar eso que tanto buscábamos.