Archivo | octubre, 2011

Libertades no tan Libres

8 Oct

Hoy vengo a hablar de un tema un tanto controversial: el sexo. O mejor dicho, la sexualidad.

Dado mi pudor excesivo esto puede resultar sorprendente. Sin embargo, es tanto lo que se ha banalizado este tema, y la cantidad de disparates que circulan por ahi que siento que hay una necesidad de hablar de el con la seriedad que merece.

Mi intención no es hacer algún tipo de juicio de valor sobre lo que las personas hacen en su vida privada (que a veces no lo es tanto) , sino que es más bien poner en el tapete algunas cuestiones que creo importantes.

Hoy en día me siento una extraterrestre. Hay ámbitos en los que circulo en los que parece pecado decir que no creo que un beso sea solo un beso y que estoy convencida que el sexo no es solo un juego sino que implica un máximo compromiso físico y emocional con la otra persona. Si bien, en algunos lugares, confesar estas convicciones parece motivo de vergüenza, recuerdo como si fuera ayer las épocas infantiles en las que esto parecía lo más natural del mundo. Claro está, después de atravesar la etapa en la que ver un beso en la tele nos sonrrojaba y “Sexo” era una palabra compleja de pronunciar.

Hoy por hoy es común escuchar sobre nenas de 14 años se chuponean con cualquiera. No seamos ingenuas, hacen más que chuponear. Sería reconfortante pensar que son la minoría, sin embargo, son cada vez más. Me siento toda una veterana diciendo que las generaciones están cada vez peores. Son solo 6 años más chicos que yo. O 4 o 3.

Este tema es ya un clásico en las mis conversaciones de amigas. Una respuesta típica es sentirnos “unas bobas” en comparación con estas chicas. La palabra atrasadas también circula de vez en cuándo. El tema de la madurez, si bien inconsciente, tampoco escapa a la temática.

El relacionar comportamiento físico con madurez no es nada raro. Tampoco debe sorprender, lo físico y lo psicológico están tan estrechamente relacionados que es casi imposible delimitar donde empieza uno y donde otro. También esto es factor de malentendidos.

No creo que una chica  que “haga cosas” con chicos (O vise versa- esto más que un eufemismo intenta dar lugar a la libre interpretación), para quedar más madura verdaderamente lo sea. Ni una persona que lo haga para conseguir amor, prestigio, o simplemente llamar la atención.

La única madurez está en tener las cosas claras. De verdad.

Hoy por hoy esta muy de moda hablar de liberación sexual. Pero creo que en muchos casos se cambió un tipo de esclavitud por otra. Esclavitud social en la que, en vez de mostrar cuanto se vale por la pureza se lo demuestra por la promiscuidad. Esclavitud en la que, por no tomar decisiones responsables, los jóvenes se ven envueltos en miles de embrollos indeseados, innecesarios e insalubres. La tasa alarmante de abortos, enfermedades de transmisión sexual son testimonio de esto. Como también las revistas adolescentes y los talk show latinos en los que un sinfín de chicas lloran porque lo que parecía ser una prueba de amor terminó en un calvario.

Es que la sexualidad no solo trata de lo que hacemos, sino de como nos relacionamos con los otros, como sentimos, nos comportamos y percibimos a nosotros mismos. La naturaleza es sabia y se que debe haber una buena razón por la que todos estos aspectos de la persona están tan fuertemente relacionados.

Reitero que mi intención, a pesar de que lo tenga, no es emitir ningún juicio de valor sobre lo que las personas hacen. Sino que dejar en claro que tratar un tema tan importante para la vida del ser humano a la ligera es un desacierto. Creo que la única “liberación sexual” verdadera es tomando decisiones serias, responsables y que de verdad tengan sentido para nosotros, pues tomar el sentido que le dan los otros, no puede llevar a ningún lugar bueno. Sobran los ejemplos.

M.

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I’m Sorry I Can’t Be Perfect

2 Oct

Confieso una cosa: sufro de perfeccionismo.

En un mundo donde la ambición es lo más valorado y la competencia es una tortura inevitable, parecería que ser perfeccionista es algo bueno. Por eso mismo, estoy segura que no soy la única de sus víctimas.

Vivímos en un delirio platónico en el que el ser humano perfecto existe en algún lugar y es el modelo que debemos seguir. Sin embargo, la única perfección que podemos alcanzar es ser la mejor versión de nosotros mismos. Cualquier otro intento es inútil, ¿que diversión tendría un mundo de personas exactamente iguales?

Sabemos la respuesta, y sin embargo, ¡Es tan difícil asimilarla!

Quiero creer que si soy exactamente como quiero ser, si hago lo que siento, la gente me va a querer.

Quiero repetirme mil veces que de nada sirven las respuestas predeterminadas. Que yo puedo. Que soy la mejor del mundo.

Cuando se trata de vivir de nada sirven los libros de autoayuda, y la racionalidad suena a chiste de mal gusto.

Personalmente, cada vez que me vienen ataques de perfeccionismo termino haciendo las cosas peor de lo que normalmente las haría. Tan excesivamente preocupada por obtener el ‘resultado perfecto’ me paralizo, no hago nada, o hago las cosas mal. Me imagino un resultado, y al no poder llegar a él, la angustia me frena a poder llegar a donde sí puedo.

Un buen antídoto contra el perfeccionismo es practicar la humildad según la entendía Santa Teresa, es decir “andar en verdad”. No esperar de nosotros más de lo que podemos dar, y no intentar ser alguien que no somos ni vamos a ser.

M.

“Be who you are and say what you feel, because those who mind don’t matter and those who matter don’t mind.” Dr Seuss