Archivo | agosto, 2011

Peripecias del Transporte Público

26 Ago

Todos conocemos a los personajes del bondi: la señora que mira con cara de pocos amigos a los jóvenes que no le ceden el asiento y agradecen como si fuera el fin del mundo a quienes lo hacen, el pseudo-violador que amenaza con contacto inapropiado a chicas de todo tipo y edad, los adolescentes con cumbia a volúmenes muy por encima de los decibeles recomendados, el buscapeleas de siempre, los de Remar, el guarda que siempre está de mal humor (se entiende, nunca desearía estar en sus zapatos)…

El mundo del transporte colectivo es una selva, una selva que, mirada a través de los ojos de un televidente sería comiquisíma, pero vivida todos los días, cuando estamos recién levantados o cansados de un largo día de estudio, trabajo o ambos, resulta un dolor de cabeza.

Hace un par de días cuando me tomé el 64 para ir a la facultad, un poco cansada de estar media hora para llegar a la puerta teniendo que pedir mil veces perdón por la cantidad de gente que se interponía en mi camino, violé el protocolo del transporte municipal y decidí sentarme en el asiento prohbido, de esos que están estrictamente reservados para embarazadas, personas mayores y personas con capacidades diferentes. Ya se soy una mala persona pero “desperate times call for desperate measures”. De nada sirvió, mi burbuja personal seguía invadida por varias personas, incluyendo un sujeto no deseado con cara de violador(y bueno a veces me persigo…).

Se quejan de las mochilas, solo buscan alternativas para acomodar el ganado. Nos quejamos del tránsito, de la contaminación, los choques, congestiones de autos, y la proliferación de modelos Chinos. No juzgo a los compradores de autos con medidas de seguridad deficientes, cualquier cosa antes del salvaje mundo del bondi, que sería mucho más divertido si no me sintiera como una vaca que llevan al matadero.

Autoridades del IMM hagan el favor y solucionen: más omnibus, subte, carril bici, lo que más les guste, que el transporte público sea una opción sustentable y no la alternativa de los que no les queda otra.

M.

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El que no arriesga, pierde.

9 Ago

Siempre que lo agarro me divierte mirar el segmento de ‘Salven el Millón’ del programa de Susana Giménez (soy malísima describiendo juegos, asique para aquellos que no lo conozcan acá esta la descripción) . Con mis hábitos televisivos esto se traduce a un total de tres o cuatro veces en las que vi el programa, que me sobraron para reforzar mi convicción de que el que no arriesga no gana pierde. Quien se juega a lo seguro, y tras la mínima duda divide la plata entre las distintas opciones, después de varias rondas termina perdiendo todo, o quedándose con una suma que parece insignificante al lado del millón prometido.

Quizás el problema esté en que las personas creen que el millón es suyo antes que termine el juego, aferrándose a cada fajo de billetes como si fuera su única salvación, dividiendo, ante el riesgo de perder todo, lo van perdiendo de a poquito. Seguramente esta inferencia mía sea un poco disparatada o exagerada, pero no se separa mucho de como vivimos nuestra vida (Comparando la vida con un segmento del programa de Susana, me pasé de intelectual…).

No nos damos cuenta, que en realidad en la vida la mitad de las cosas que nos jugamos no son nuestras. Si nos ponemos a pensar, ni siquiera nuestra vida misma nos pertenece cien por ciento. No se trata de una postura religiosa o filosófica, no hay nada en el futuro que tengamos garantizado. Y no es raro de que muchas de las cosas que consideremos “poner en riesgo”, no nos pertenezcan del todo, o cambien más allá de que ‘demos el paso’ o no. Las circunstancias siempre cambian, así que si tenemos una oportunidad lo mejor que podemos hacer es agarrarla antes que sea demasiado tarde.

También es clásico ahogarnos en un vaso de agua, o creer que tenemos todo para perder, cuando en realidad no tenemos nada. Quizás el único riesgo esté en enfrentar nuestros miedos, o darnos cuenta de que las cosas no eran como pensábamos.

No, no soy fan a muerte del Carpe Diem. Me gustan los planes, a veces demasiado. Creo que hay cosas en la vida que hay que cuidarlas. Pero me parece que veces nos paralizamos demasiado, o le damos demasiada trascendencia a cosas insignificantes.

Creo en Dios, por lo que creo que hay un plan. Una vida ideal que nos garantiza la máxima felicidad. Evitarla parece absurdo, una pérdida de tiempo. Obvio que es difícil discernir, pero si no damos el paso nunca lo vamos a descubrir. Si nos quedamos de brazos cruzados, caprichosamente abrazando cosas que no nos corresponden y que a la larga van a desaparecer, nunca vamos a conseguir eso tan bueno que nos espera.

M.

Hoy

1 Ago

Con el tiempo aprendí que saborear la victoria por anticipado es la peor derrota de todas.

Hoy solo quiero vivir la vida paso a paso; sin hacerme esclava del presente, pero tampoco del futuro.

Quiero jugar todas mis batallas, sin perder alguna por ausencia. El que no arriesga no gana, dicen; yo creo que pierde mil veces más.

Sobre todas las cosas, quiero poder adaptarme a todas las circunstancias. Enfrentarme a lo que me toque con paciencia y dignidad.

Ningún fracaso es fracaso si nos ayuda a seguir caminando. Ningún triunfo es triunfo si nos invita a la inercia.

M.