Archive | abril, 2011

Vivir en Verdad

30 Abr

La resurrección de Cristo es un misterio  tan inmenso que siento que solo puedo comprenderlo cerrando los ojos y dejando que se me meta en la piel.  Año a año la celebración es la misma, pero  es distinta. Nosotros cambiamos,  tenemos la necesidad de renacer a cosas nuevas.

¡Es tan contradictoria la resurrección! morimos, renacemos, y sin embargo somos los mismos. Descartamos lo accesorio en búsqueda de una vida verdadera. Parte de nosotros ansía el cambio con una inmensa adrenalina, otra llora lo que fue, o se aferra a ello por miedo a lo desconocido que está por venir. Hay días que duele tanto que hasta me pregunto si vale la pena, pero en el fondo se que es inútil, que quedarme ahí sería poco auténtico, quizás aún más doloroso.

Porque la resurrección de alguna forma es la búsqueda de la autenticidad. Recorremos esta vida con el llamado a ser auténticos, nos late en las venas y sin embargo ¡cuántas veces lo ignoramos! Es tanta la incomprensión que conlleva serlo, y tantos los caminos alternativos que se nos ofrecen. Nuestra necesidad de amor nos hace vulnerables. Y sin embargo, solo con el amor podemos seguir. Ese amor en serio que se ve reflejado en los ojos de quienes quieren vivir en verdad. Que vence al miedo, no porque lo suprima, sino porque lo acepta como parte natural de nuestra vida, con paz y sin resignación.

M

‎”Frente a la resurrección se hallan nuestras respuestas” Hermano Roger de Taizé

Change is Hard

18 Abr

Cuaresma es de mis épocas favoritas del año. No solamente por el hecho de ser católica y que signifique la preparación para la máxima fiesta de nuestra Fe. Sino por lo que esta representa.

Cuaresma es un periodo de cambio en el que estamos invitados a seguir a Jesús en su camino de resurrección, y ¡Cómo me gusta cambiar! No como quién se cambia la ropa diez veces antes de salir a bailar, sino que desprenderme de todas las cosas de mi vida que me alejan de la Vida.

Este año me propuse deshacerme de algunas cosas del pasado a las que me había aferrado como quién se abraza a una cobija protectora. Me gusta cariñosamente guardar imágenes de mi vida como pequeños snapshots de impresiones. Sin embargo, la cosa se complica cuándo aquello que fue se acuesta a dormir con nosotros, y nos acompaña en el diario vivir como si fuera una garrapata. Las sombras se distorsionan. Se tornan una presencia real en un tiempo que ya no les corresponde. Mejor mal conocido que mal por conocer. Y no es que en esencia sea malo, pero nos frena de a donde tenemos que ir, y eso no está bien.

Pero la verdad es que hay días que caigo. La locura y emoción de querer cambiar se estrella al segundo que me encuentro cayendo en lo mismo. La clásica es tirar la toalla, pensar que no hay remedio para la cuestión. O sentirme un fracaso por no cumplir con el objetivo.

Con el tiempo voy aprendiendo caer es solo una parte natural del cambio. No es el fin del mundo. El fracaso no está en la caída sino que en dar un paso atrás y olvidarnos de que tan fácil como caímos podemos volver al camino.

M

“Change is hard, I should know…”- She & Him

Volví!

17 Abr

Hace tiempo me dejaron de incomodar los silencios. No es que a veces no sienta unas ganas tremendas de ser una super-sociable máquina de hablar, de esas que siempre parecen tener algo sobre lo que charlar. Pero, la verdad es que no me nace. De vez en cuándo disfruto el simple placer de no tener nada para decir.

Por este motivo, no me incomodó demasiado incumplir la promesa que me había hecho al abrir esta página: escribir lo más seguido posible. La inspiración parecía haberse tomado vacaciones, no se me ocurría nada lo suficientemente interesante.

Sin embargo, hay días que no estoy segura si mi alejamiento de la escritura se debe a un paréntesis creativo o a una cuestión de inhibición.

Hay días que me aburro a mi misma. Pienso demasiado, y al intentar plasmar mi pensamiento en papel(o computadora) me siento rodeada de lugares comunes.

En otras ocasiones, me abraza un inmenso pudor. No me convence mucho la metáfora de que uno se desnuda cuándo escribe, quizás lo haga de vez en cuando, en alguna libretita ultra-privada, como quién se desnuda para darse un baño. Hay momentos en los que siento que al escribir que exhibo partes de mi que a veces me incomodan, cicatrices que al poco tiempo de haberse hecho arden con la humedad. Y, sin embargo, llenan a mi cuerpo de historias.

¿Porqué será que siento la necesidad de exhibirlas? No es que sufra de síndrome granhermano, ni que quiera ser la próxima Garance Doré. En algún lugar me cabe la ilusión que aquello que me brota del alma  pueda servir de utilidad, y que, como tantos lo hicieron en mí, despierte algo, por más insignificante que sea, en el que tengo al lado.

M.